20 noviembre 2016 – Teatros del Canal, Sala roja, Madrid

¿Coreografiar Wagner ? ¿Hacer bailar a Tristan ? ¡Qué hibris ! E coreógrafo Giorgio Mancini, béjartiano de formación, wagneriano desde antaño, se atreve con uno de los mitos absolutos de la cultura occidental. Un buen pretexto para interrogarse sobre el lugar de la música de Richard Wagner en el arte coreográfico, más bien modesto en vista del papel preponderante del maestro de Bayreuth en el mundo de la lírica. 

Para afrontar este proyecto, Mancini se apoya sobre Dorothée Gilbert y Mathieu Ganio, dos artistas excepcionales cuyo talento contribuye a elevar a lo más alto su Tristan und Isolde. Tras verse en Florencia, Ravello y Luxemburgo, el espectáculo desembarcaba en Madrid, condensado, evolucionado, ¡más vivo que nunca ! 

Traducido del Francés por Alejandro Martinez (Platea Magazine)

¿Bailar Wagner ? ¿Bailar Tristan ?

Doch unsre Liebe,
Heisst sie nicht Tristan und – Isolde ?
Dies süsse Wörtlein : und,
Was es bindet, der Liebe Bund,
Wenn Tristan stürb, zerstört' es nicht der Tod ?

Isolde in Tristan und Isolde, II, 2

¿Bailar Wagner ?

¿Una locura narcisista ? ¡Por supuesto ! ¿Una forma de inconsciencia ? ¡Sin lugar a dudas ! He aquí dos mentes creadoras reunidas para hacer frente a la gran obra wagneriana. Porque ciertamente coreografiar Wagner es poco menos que correr el doble riesgo de exponerse a los gritos de los aduladores más ortodoxos, por lo general epidérmicos, y a la indiferencia de los amantes del ballet. Y si bien son habituales ya los coreógrafos más o menos consagrados invitados a dar forma a una ópera (Sidi Larbi Cherkaoui en el Anillo de Guy Cassiers en Milan y Berlin, Sasha Waltz en el Tannhäuser de Berlin o el mismo Christian Spuck en El holandés errante), lo cierto es que pocos osan atreverse con estos monumentos musicales para proponer de ellos una versión danzada y por eso necesariamente alterada y adaptada. A decir verdad, pocas son las iniciativas que ha tenido éxito en este sentido, a excepción del Ring um den Ring de Maurice Béjart.

Y es que tan pronto como se evoca en danza la figura de Wagner aparece la figura tutelar de Béjart, quien se decía “wagneriano de nacimiento”, hasta un punto tal en el que puede decirse que sus incursiones con la obra de Wagner marcaron su propio desarrollo como creador. Cien años después de que Lucien Petipa coreografiase la bacanal de Tannhäuser en París, Béjart fue invitado a Bayreuth por Wieland Wagner((Este Tannhäuser fue célebre asimismo por el escándalo que suscitó la elección de Grace Bumbry como Venus ; una “Venus negra”, ¡dónde se había visto ! La Bacanal de 1961 devino en 1963 en Venusberg II en 1963 y se integró como Venusberg III en un homenaje más extenso a Wagner, en 1965, titulado Wagner ou l´amor fou, que contaba también con Mathilde, pieza coreografiada por Béjart en 1963 sobre la música, como indica su título, de los Wesendonck-Lieder, incluyendo también Siegfried-Idyll, una coreografía de Milko Šparemblek, bailarín del Ballet del siglo XX.)) , cuando apenas tenía 34 años de edad. La única novela de Béjart, no en vano, Mathilde o el tiempo perdido, hace referencia a la relación entre Richard Wagner y Mathilde Wesendonck, la musa que inspiró Tristan. En sus manos, durante más de cuarenta años, la música de Wagner siguió palpitando : de Lohengrin((Paso a dos creado por Gil Roman y Kyra Kharkevitch, 1993.)) a Parsifal((La Mort subite, 1991.)), de Siegfried((Siegfrieds Tod, creado por Jorge Donn, integrado después en Dionysos, 1984–1985. Extracto : https://www.youtube.com/watch?v=MWNUeE5Yoqk )) a sus famosos popurrís wagnerianos((Baudelaire, pieza creada para la inauguración de la Maison de la Culture de Grenoble en 1968. En imágenes : http://webmuseo.com/ws/mc2/app/collection?vc=ePkH4LF7w6iejHBVT6CsFQCsWlArwWKg3pJEoOHFaJWmsYGFMbwOhusjGPQA3KgwzA$$
Por otro lado, extractos de Wagner se encuentran igualmente en la Messe pour le temps futur (1983), Fragments (1984), Chéreau-Mishima-Perón (1988), Scherzo à la russe (1991), Sissi, l´impératrice anarchiste (1993), Journal 2eme. partie (1995) e incluso en Le même et un autre (2001). )), la obra de Wagner irriga de principio a fin la inspiración de este maestro, pero siempre en formatos reducidos, en aproximaciones fragmentarias, en dúos limitados. Qué paradoja : Béjart, mofado ‑y adulado- por el lado “bling-bling” de sus coreografías, su faceta más demostrativa, satirizado ‑y amado- por sus grandes shows narcisistas, con grandes y deslumbrantes composiciones pictóricas, no llegó nunca a abrazar el espectáculo total alla Wagner. Salvo en el clímax que constituye Ring um den Ring berlinés de proporciones monumentales : un ejemplo fascinante de Gesamtkunstwerk danzado, cantado, interpretado, recitado, que movilizaba tales medios que apenas se ha repuesto.

Maurice Béjart y Wieland Wagner en los ensayos de Tannhäuser en Bayreuth, julio de 1961 ( © Fotografía : Agencia Heinz Koester AKG Imágenes)

Otro adepto de las grandes formas coreográficas, John Neumeier, dio forma a un Tristan y a un Parzival, épisodes et écho, pero con unas intenciones muy claras : la coreografía se desentiende aquí de cualquier herencia wagneriana, como testimonia de hecho la selección musical (Henze y John Adams, antes que Wagner((Es el Tristan para piano, grabado y orquestado por Hans Werner Henze, el que acompaña este Tristan ; en el patchwork musical seleccionado por Neumeier para Parzival, John Adams y Arvo Pärt se reparten la parte del león, quedando Wagner reducido a dos citas del preludio de Parsifal.)), reivindicando más bien un regreso al mito medieval original, como así lo indica la dramaturgia (la elección misma de la tipografía de Parzival, épisodes et écho, da buena cuenta de este distanciamiento respecto de la obra de Wagner ; incluso se advierte la presencia, en su Tristan, de Blanchefleur, la madre de Tristan, a la que ni siquiera se menciona en la ópera ((Dentro del universo de las leyendas artúricas, John Neumieir coreografió asimismo en 1982 una Saga du roi Arthur, sobre música de Jean Sibelius. Es por cierto muy irónico constatar que el propio Sibelius colaboró en 1931 con The Lady of Shalott, un ballet de Frederick Ahston, de inspiración igualmente artúrica. Por último, conviene apuntar que este Tristan inspirará a Tatiana Gsovsky, que coreografió una versión en 1965, en Berlín, sobre música de Boris Blacher.)). Es, no obstante, en Mort à Venise donde la inspiración wagneriana de John Neumeier se dejará entrever un tanto.

¿Bailar Tristan ?

En sus tribulaciones wagnerianas, que han sido variadas, Maurice Béjart regresaba muy a menudo a Tristan. Muy temprano, en 1969, el duo de amor del acto segundo inspiró en su caso Les Vainqueurs, creada por el estimado Jorge Donn ((La Isolda de 1969 fue Tania Bari ; una nueva versión fue creada en 1980, siempre en manos de Jorge Donn, en esa ocasión con Shonach Mirk como Isolda. Extracto : https://www.youtube.com/watch?v=zzHKoYdWv3A)). En 1984, inspirado por una pieza de Ionesco, Béjart adaptará Les chaises, para Marcia Haydée y John Neumeier encarnando a una pareja de ancianos invadidos por la soledad y el vacío existencial, bañados por el preludio y el Mild und leise ((Pieza creada en 1981 por el propio Maurice Béjart y Laura Proença y totalmente reescrita en 1984, fue rehecha y adaptada en 1988 para el Ballet de Hamburgo, bajo el título de L´impromptu de Hambourg. En imágenes : http://www.kb.dk/images/billed/2010/okt/billeder/subject3468/en/)). En 1992, fueron los grandes Sylvie Guillem y Laurent Hilaire quienes dieron vida a la pareja de amantes sobre la versión musical de Tristan en Bayreuth con Karl Böhm, de 1966 ((Épisodes, producción del festival Roma Europa, 1992.)). En 2005, en su Zarathoustra, le chant de la danse, Béjart citará largamente a Tristan, encarnados aquí los amantes por Victor Jimenez y Ruth Miro.

Marcia Haydée y John Neumeier en Les Chaises (Las Sillas) de Maurice Béjart (© Foto : C. Masson, Kipa)

 

Hay que quitarse el sombrero pues ante Maurice Béjart, puesto que observado en detalle, el legado coreográfico ligado a Tristan e Isolda es realmente mínimo con anterioridad a él. Hay que remontarse a 1944 para localizar a Léonide Massine, creando un Tristan Fou ((Hay que apuntar que desde la llegada del ballet al Théâtre des Champs-Élysées, son Ethery Pagava y André Eglevsky quienes se encargan a los amantes. En imágenes : http://digitalcollections.nypl.org/collections/photographic-prints-of-dancers-and-dance-companies#/?tab=navigation&roots=34:2dccb4c0-c607-012f-c4a0-58d385a7bc34)) para el  Metropolitan Opera, en la égida del Marqués de Cuevas, en una propuesta celebre y recordada, entre otras cosas, por el telón, recientemente exhumado, que llevaba la firma de Salvador Dali ((En 1939 Léonide Massine, como Béjart, había creado una Bacanal sobre la música de Tannhäuser, con la colaboración de Salvador Dali. fue de hecho la primera de sus tres creaciones en común.)). También fue en Nueva York donde Herbert Ross, inspirado por el Tristan de Thomas Mann, escribió en 1958 un paso a dos para Nora Kaye y Erik Bruhn ((En esta tradición americana, Robert Joffrey creó Remembrances en 1973, sobre la música de los Wesendonck Lieder y no sobre Tristan. Extracto : https://www.youtube.com/watch?v=iX3QqIeaIOY)) .

Y con posterioridad, desde el camino recorrido por Béjart, no encontramos nada más. Nada más al menos hasta que en 2006 Krzysztof Pastor ofrece una versión danzada de Tristan und Isolde en el Ballet Real de Suecia. Un ballet que ha entrado de hecho en el repertorio, habiéndose visto también en el Ballet Nacional de Polonia en 2009 y en el Ballet Nacional de Lituania en 2012. Son dos horas y cuarto de espectáculo, en dos actos, en lo que sería el primer Tristan cerca de parecerse a un full-length ballet y del que se extrae a menudo un fragmento de especial bravura, un paso a dos que Svetlana Zakharova inscribe a menudo en numerosas galas ((En imágenes : http://www.opera.lt/en/performances/ballet/tristan-and-isolde.

Tráiler : https://youtu.be/vzwSYBxcnpI

Paso a dos (Liebestod con Aleksandra Liashenko et Pavel Koncevoj) : https://www.youtube.com/watch?v=XsUpw0oNXbo

Paso a dos (dúo de amor con Aleksandra Liashenko et Pavel Koncevoj) : https://www.youtube.com/watch?v=MYRJrQW2OXA

Paso a dos (dúo de amor con Svetlana Zakharova & Krzysztof Pastor) : https://youtu.be/5bgTWaBbldU?t=1m47s))

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Cortina de escena del Salvador Dali para Tristán Fou de Léonid Massine

El bicentenario del nacimiento de Wagner y el 150 aniversario del estreno, en Múnich, de Tristan und Isolde, han hecho prosperar numerosas iniciativas en materia de danza a este respecto, pero a decir verdad ninguna podría decirse que haya satisfecho al wagneriano de pro. La más frustrante fue seguramente Tristan + Iseult – fragments de Régis Obadia, de incoherente dramaturgia, diseccionando la obra sin motivo, decepcionante. La versión de David Dawson (Tristan + Isolde) en Dresde abandono de hecho el uso de la música de Wagner en favor de una nueva composición de Szymon Brzóska.

 

¡Tristan und Isolde de Giorgio Mancini !

 

En el seno de esta genealogía paradójica (pocos precedentes, en suma, para tratarse de una obra imprescindible de la cultura universal) e intimidante (los pocos artistas que han osado atreverse con ello son monstruos sagrados de la danza, ya sean coreógrafos o intérpretes), se inscriben Tristan und Isolde de Giorgio Mancini. Conviene mencionar que en su juventud formó parte de la compañía de Béjart, en la época en que se dio forma al Dionysos o al Ring citados más arriba. Creada en origen en Florencia el 28 de diciembre de 2014 y retomada en el Festival de Ravello en junio de 2015 para llegar más tarde a Luxemburgo, el primero de octubre de 2016, esta obra amplía un dúo de apenas unos minutos creado en 2011 alrededor de la muerte de Isolda, llegando en fin a Madrid el pasado 20 de noviembre, en el marco del festival Madrid en danza. Habiendo asistido a la prima rappresentazione assoluta en Florencia, se observa con emoción que a pesar de las diversas reposiciones, el espectáculo ha evolucionado, respira y mejora, de acuerdo con las reglas de su coreógrafo y la experiencia de sus intérpretes. ¡El espectáculo es, en sí mismo, como un ser vivo !

Dorothée Gilbert (Isolde) en ensayo en Sala Roja, el 20 de noviembre de 2016 (© crédito foto : James Bort)

El arraigo elemental de todo ello es, sin embargo, sorprendente : y es que el principal el sentido narrativo de Mancini y de su dramaturgo Luca Berni no es otro que la fidelidad al texto. Algo ante lo que el wagneriano más conspicuo no puede sino congratularse. Casi todos los aspectos más destacados de la relación entre Isolda y Tristán, sobre la que se concentra en exclusiva la pieza de Mancini, están desarrollados aquí hasta su mínimo esbozo. Desde el encuentro entre Tristan e Isolda en el barco en el primer acto con el consabido intercambio de miradas (momento clave en la obra), hasta la escena del filtro y el dúo de amor, pasando por los padecimientos de Tristan en el tercer acto (deslumbrante solo de Mathieu Ganio) y llegando por supuesto a la escena final : y todo ello en una secuencia limpia y coherente en la que todo resulta llevado de forma sumamente pertinente por la selección musical. Si Krzysztof pastor había optado por el arreglo orquestal de Henk de Vlieger

((Para saber más véase la página web del compositor : http://www.henkdevlieger.nl/Henk_de_Vlieger/tristan_%26_isolde.html)), Giorgio Mancini organiza su ballet en torno a Tristan und Isolde. Symphonic Synthesis, una reducción sinfónica de Leopold Stokowski, en la que la propia estructura es claramente el sustrato narrativo ((Se trata, nos parece, de una mezcla de las dos versiones producidas por Leopold Stokowski, la primera en 1932, la segunda en 1935.)). La escena final se desarrolla sobre el Mild und leise interpretado por Margaret Price bajo la batuta de Carlos Kleiber ((Para poderlo escuchar : https://youtu.be/YjMwDbFng_g)). La lógica narrativa es tan impecable que resiste el contexto concreto de cualquier reposición.

La escenografía está asimismo muy depurada. El barco se ve representado por un velo oscuro y triangular (cuando se descubre, resplandeciente, intenta representar los jardines del rey Marke). La copa mortal en la que los amantes están bebiendo es llevada por la propia Isolde al centro del espacio escénico, del que ella no se retira en ningún momento. El paso a dos del final no se desarrolla sobre la muerte sublimada de dos seres sino que toma la forma exacta de una ambigüedad sobre la noción de transfiguración (Verklärung) y la complejidad de la cuestión sobre la muerte, que no nos es dado ver y que adopta aquí la forma de un inicio antes que la de un fin.

Mathieu Ganio (Tristán) y Dorothée Gilbert (Isolde) en Ravello, el 20 de junio de 2015 (© crédito foto : James Bort)

A medio camino entre un limitado paso a dos, que tanto florecieron antaño como hemos recapitulado, y un vasto fresco alla Pastor, lo que vemos aquí es un gran paso a dos de una hora de duración, focalizado tan sólo sobre Tristan e Isolda. El riesgo aquí era el de ensombrecer bajo una melaza lacrimosa la naturaleza del libreto de Wagner. La coreografía no cede nunca ante esta tentación y restituye de hecho el sentido original de la obra, a nuestro entender con suma delicadeza a la hora de manifestar la violencia reprimida al comienzo, seguida después por la fiebre paroxística del amor en el dúo. Una gramática clásica (Isolda a menudo situada en punta) s se mezcla de tanto en tanto con inspiraciones muy kylianescas ‑véanse esos rugidos sordos que encontramos también en la Giselle de Mancini. Dos palabras clave, en fin, en esta coreografía : poesía y sensualidad.

Todo esto no es ciertamente revolucionario pero se ve realizado por una Isolde y un Tristan de ensueño : Dorothée Gilbert et Mathieu Ganio. Las estrellas más brillantes del Ballet de la Ópera Nacional de París, que Mancini esculpe y adapta a su coreografía. Mathieu Ganio es sublime, verdaderamente sublime : plástica apolínea, lineas de una belleza que hacen llorar, llevadas a cabo con una facilidad desconcertante, en solos inspirados y desgarradores ‑uno a veces se pregunta si todo esto corresponde al Tristan de Wagner, el valeroso sobrino de un rey bajo el rudo clima celta, pero es tan bello al fin y al cabo. Dorothée Gilbert, velada como una Piedad, se concentra más en el dibujo de una Isolda grave y solemne ; si bien el papel saca partido de sus dotes técnicas, es un placer ver cómo florece también en este registro en el que cada vez brilla más intensamente. Tenemos pues dos protagonistas en fusión absoluta, en la cima de su madurez artística. En la segunda escena del segundo acto, Isolda dice con dulzura ver en el “y” de “Tristán e Isolda” el vínculo indisoluble que le une a Tristan. Eso es exactamente lo que estas dos Étoiles nos permiten ver.

Dorothée Gilbert (Isolde), Giorgio Mancini, Mathieu Ganio (Tristán) a las salvaciones, el 20 de noviembre de 2016 (© crédito foto : wanderersite.com)

Este enfoque sobre los dos personajes se acentúa por la inserción de dos videos firmados por James Bort, en un procedimiento ingenioso que parece aportar algo a la pieza de Mancini. De un modo evidente, el recurso recuerda a las imágenes de Bill Viola para la producción de Tristan de Peter Sellars en la Ópera Nacional de París, un trabajo que a título personal nos gustó tan sólo con moderación, pero que está claro que interpelaba al espectador, algo que no sucede con igual intensidad en el caso de James Bort. Por desgracia, el aporte de su trabajo se ve lastrado por una plástica monocroma de largos planos, fundados en una única idea : “Mathieu es bello”. Y lo es, indudablemente. Pero allí donde la coreografía sugiere, el vídeo subraya ; allí donde la danza acaricia, la imagen golpea ((Para ver los vídeos de James Bort : https://www.youtube.com/watch?v=wmDfQsIeHMY)). Considerado en su autonomía, este trabajo en vídeo tendría sin duda su interés ; sin embargo, al margen de los cortos períodos de respiración que brinda a los bailarines, no estamos totalmente convencidos de su aporte a la economía general de la obra de Mancini.

 

Esta venial reserva no debería empañar en todo caso el entusiasmo wagnerópata ni tampoco el del balletomano ante este original ballet, que se las arregla para transportar al lenguaje de la danza cuestiones fundamentales que se airean en la ópera, poniendo de manifiesto hasta qué punto algunas de las hitos wagnerianos palpitan en el mundo de la danza.

Dorothée Gilbert (Isolde) y Mathieu Ganio (Tristán) en la Ópera de Florencia, diciembre de 2014 (© crédito foto : James Bort)

 

 

Tristan und Isolde (Giorgio Mancini, Richard Wagner)

Isolde : Dorothée Gilbert │ Tristan : Mathieu Ganio

20 novembre 2016 – Teatros del Canal, Sala roja, Madrid,

Chorégraphier Wagner ? Faire danser Tristan ? Quel hybris ! C'est au tour du chorégraphe Giorgio Mancini, béjartien de formation, wagnérien de toujours, de s’attaquer à l'un des mythes absolus de la culture occidentale. Beau prétexte pour s'interroger sur la place de la musique de Richard Wagner dans l'art chorégraphique, somme toute modeste au regard du rôle écrasant du maître de Bayreuth dans le monde lyrique.

Pour réussir un tel projet, Mancini devait au moins s’appuyer sur Dorothée Gilbert et Mathieu Ganio, deux artistes exceptionnels dont il façonne le talent à sa guise pour porter au plus haut son Tristan und Isolde. Après Florence, Ravello et Luxembourg, le spectacle débarque à Madrid, condensé, resserré : le spectacle vivant en marche !

Doch unsre Liebe,
Heisst sie nicht Tristan
und – Isolde ?
Dies süsse Wörtlein :
und,
Was es bindet, der Liebe Bund,
Wenn Tristan stürb, zerstört' es nicht der Tod ?

Isolde in Tristan und Isolde, II, 2

Danser Wagner ?

Un brin de folie narcissique ? Pour sûr ! Une forme d’inconscience ? Indubitablement ! Voilà deux moteurs créateurs qui conduisent des chorégraphes à s’attaquer au grand-œuvre wagnérien. Car chorégraphier Wagner, c’est courir le double risque de s’exposer aux cris d’orfraies des thuriféraires, en général épidermiques, de Wagner et à l’ennui voire l’indifférence des balletomanes. Et si des chorégraphes chevronnés sont appelés en renfort pour des mises en scène d’opéra (Sidi Larbi Cherkaoui dans le Ring de Guy Cassiers à Milan et Berlin, Sasha Waltz dans Tannhäuser à Berlin, bientôt Christian Spuck dans Le Vaisseau Fantôme), peu osent s’emparer de ces monuments pour en proposer une vision dansée – nécessairement adapatée et tripatouillée… Nous connaissons du reste peu d’initiatives convaincantes en la matière, à l’exception du Ring um den Ring de Maurice Béjart.

Car dès qu’on évoque Wagner et danse, surgit d’emblée la figure tutélaire de Béjart, lui qui se disait « wagnérien de naissance » ; et c’est peu de dire que les incursions wagnériennes ont structuré son parcours de créateur. Lui qui, cent ans après que Lucien Petipa a chorégraphié la bacchanale de Tannhäuser à Paris, est invité à en proposer sa vision à Bayreuth par Wieland Wagner ((Ce Tannhäuser est également resté célèbre pour le scandale que suscita la distribution en Vénus de Grace Bumbry ; une « Vénus noire », pensez donc !… La Bacchanale de 1961 deviendra en 1963 Venusberg II et s’intégrera en 1965, comme Venusberg III, dans un hommage plus large à Wagner, Wagner ou l’amour fou, qui compte Mathilde, pièce chorégraphiée par Béjart en 1963 sur la musique, comme il se doit, des Wesendonck-Lieder, ainsi que Siegfried-Idyll, une chorégraphie de Milko Šparemblek, danseur du Ballet du XXème siècle.)) – il a alors 34 ans. Lui dont l’unique roman, Mathilde ou le temps perdu, fait référence à la relation entre Richard Wagner et Mathilde Wesendonck, la muse qui inspira Tristan. Lui dont la musique de Wagner scandera, lancinante, l’œuvre pendant plus de 40 ans. De Lohengrin ((Pas de deux créé pour Gil Roman et Kyra Kharkevitch, 1993.)) à Parsifal ((La Mort subite, 1991.)), de Siegfried ((Siegfrieds Tod, créé pour Jorge Donn, a été intégré à Dionysos, 1984–1985. Extrait : https://www.youtube.com/watch?v=MWNUeE5Yoqk)) à ces fameux pots-pourris wagnériens ((Baudelaire, pièce créée pour l’inauguration de la Maison de la Culture de Grenoble en 1968. En images : http://webmuseo.com/ws/mc2/app/collection?vc=ePkH4LF7w6iejHBVT6CsFQCsWlArwWKg3pJEoOHFaJWmsYGFMbwOhusjGPQA3KgwzA$$

Par ailleurs, des extraits de Wagner figurent également dans Messe pour le temps futur (1983), Fragments (1984), Chéreau-Mishima-Perón (1988), Scherzo à la russe (1991), Sissi, l’impératrice anarchiste (1993), Journal 2ème partie (1995) ou encore Le même et un autre (2001).)), Wagner irrigue de part en part l’inspiration du maître, mais toujours dans des formats réduits, des approches fragmentaires, des duos limités. Comble du paradoxe : Béjart, moqué – et adulé – pour le côté bling-bling et démonstratif de ses chorégraphies, brocardé – et adoré – pour ses grands shows narcissiques assortis de tableaux massifs et éblouissants, n’aura pas su embrasser le spectacle total alla Wagner. Sauf l’acmé que constitue ce Ring um den Ring berlinois aux proportions monumentales : un exemple fascinant de Gesamtkunstwerk dansé, chanté, joué, parlé, qui mobilise de tels moyens qu’il n’est malheureusement que trop rarement repris.

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Maurice Béjart et Wieland Wagner lors des répétitions de Tannhäuser à Bayreuth, juillet 1961 (© crédit photo : Heinz Koester, agence AKG Images)

Autre adepte des grandes formes chorégraphiques, John Neumeier a bien produit un Tristan et un Parzival, épisodes et écho, mais les notes d’intention sont claires : le chorégraphe se défend de tout héritage wagnérien – comme en témoignent les choix musicaux (Henze et John Adams, plutôt que Wagner ((C’est le Tristan pour piano, magnétophone et orchestre de Hans Werner Henze qui accompagne Tristan ; dans le patchwork musical sélectionné par Neumeier pour Parzival, John Adams et Arvo Pärt se taillent la part du lion, Wagner se trouvant réduit à deux citations du prélude de Parsifal.)) ) – et se prévaut d’un retour aux mythes médiévaux originels – comme l’indiquent les choix dramaturgiques (la typographie-même de Parzival, épisodes et écho, indique une prise de distance claire par rapport à l’opéra de Wagner ; on note aussi la présence, dans Tristan, de Blanchefleur, mère de Tristan, pas même mentionnée dans l’opéra ((Pour rester dans l’univers des légendes arthuriennes, John Neumeier a également chorégraphié en 1982 une Saga du roi Arthur, sur des musiques de Jean Sibelius. Il est incidemment amusant de constater que c’est aussi Sibelius qui habille en 1931 The Lady of Shalott, ballet de Frederick Ashton d’inspiration également arthurienne. Enfin, on notera que Tristan inspira Tatiana Gsovsky, qui en chorégraphia une version à Berlin en 1965, sur une musique de Boris Blacher.)) ). C’est en définitive avec Mort à Venise que l’inspiration wagnérienne de John Neumeier se fera la moins clandestine.

Danser Tristan ?

Dans ses tribulations wagnériennes, on l’a vu variées, c’est à Tristan que Maurice Béjart revient le plus régulièrement. Très tôt, en 1969, le duo d’amour de l’acte II inspirera Les Vainqueurs, créé pour le bien-aimé Jorge Donn ((L’Isolde de 1969 est Tania Bari ; une nouvelle version sera créée en 1980, toujours pour Jorge Donn et, cette fois Shonach Mirk en Isolde. Extrait : https://www.youtube.com/watch?v=zzHKoYdWv3A)).En 1984, inspiré par la pièce d’Ionesco, Béjart adaptera Les chaises, pour Marcia Haydée et John Neumeier incarnant un couple de vieillards perclus de solitude et de vacuité existentielle baignées par le prélude et le Mild und leise ((Pièce créée en 1981 pour Laura Proença et Maurice Béjart lui-même et totalement récrite en 1984, elle sera refondue et adaptée en 1988 pour le Ballet de Hambourg, sous le titre « L’impromptu de Hambourg ». En images : http://www.kb.dk/images/billed/2010/okt/billeder/subject3468/en/)). En 1992, ce sont les grands Sylvie Guillem et Laurent Hilaire qui danseront les amants sur la version de Tristan de Bayreuth 1966 par Karl Böhm ((Épisodes, production du festival Roma Europa, 1992.)). En 2005, dans son vaste Zarathoustra, le chant de la danse, Béjart citera largement Tristan, incarnés alors par Victor Jimenez et Ruth Miro.

Marcia Haydée et John Neumeier in Les chaises de Maurice Béjart (© crédit photo : C. Masson, Kipa)

Tirons donc notre chapeau à Maurice Béjart car, à y regarder de près, l’héritage chorégraphique de Tristan und Isolde est relativement mince. Il faut attendre 1944 pour que Léonide Massine s’empare de la partition et crée au Metropolitan Opera, sous l’égide du Marquis de Cuevas, un Tristan Fou ((On notera que lors de la venue du ballet au Théâtre des Champs-Élysées, ce sont Ethery Pagava et André Eglevsky qui incarnent les amants. En images : http://digitalcollections.nypl.org/collections/photographic-prints-of-dancers-and-dance-companies#/?tab=navigation&roots=34:2dccb4c0-c607-012f-c4a0-58d385a7bc34)), resté célèbre pour le rideau de scène, récemment exhumé, signé Salvador Dali ((En 1939, Léonide Massine avait, comme Béjart, créé une Bacchanale, sur la musique de Tannhäuser, avec la collaboration de Salvador Dali – il s’agissait alors de la première de leurs trois créations communes.)). C’est à New York encore qu’Herbert Ross, inspiré par le Tristan de Thomas Mann, écrira en 1958 un pas de deux pour Nora Kaye et Erik Bruhn ((Dans cette tradition américaine, Robert Joffrey créera Remembrances en 1973, sur la musique non pas de Tristan mais des Wesendonck Lieder. Extrait : https://www.youtube.com/watch?v=iX3QqIeaIOY
Trailer : https://youtu.be/vzwSYBxcnpI
Pas de deux (Liebestod par Aleksandra Liashenko et Pavel Koncevoj) : https://www.youtube.com/watch?v=XsUpw0oNXbo
Pas de deux (duo d’amour par Aleksandra Liashenko et Pavel Koncevoj) : https://www.youtube.com/watch?v=MYRJrQW2OXA
Pas de deux (duo d’amour par Svetlana Zakharova & Krzysztof Pastor) : https://youtu.be/5bgTWaBbldU?t=1m47s)).

Et puis… mis à part le cheminement de Béjart, plus rien. Plus rien jusqu’à ce que Krzysztof Pastor offre en 2006 une version dansée de Tristan und Isolde au Ballet royal de Suède ! Ce ballet est depuis entré au répertoire notamment du Ballet national de Pologne en 2009 et du Ballet national de Lituanie en 2012. 2h15 en deux actes, premier Tristan pouvant s’apparenter à un full-length ballet, dont s’extrait un morceau de bravoure, pas de deux que Svetlana Zakharova inscrit généreusement à l’affiche de nombreux galas ((En images : http://www.opera.lt/en/performances/ballet/tristan-and-isolde.)).

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Rideau de scène de Salvador Dali pour Tristan Fou de Léonid Massine

Le bicentenaire de la naissance de Richard Wagner et le 150ème anniversaire de la création, à Munich, de Tristan und Isolde ont vu fleurir moult initiatives dansées, mais on ne peut pas dire que le wagnérophile y ait trouvé son compte. Frustration maximale et ratage du Tristan + Iseult – fragments de Régis Obadia, dramaturgie en panne et saucissonnage incohérent de la bande-son chez Joëlle Bouvier (Salue pour moi le monde, du reste très fêté par la critique) ; déceptions. La version de David Dawson (Tristan + Isolde) à Dresde fuit le recours à la musique de Wagner pour privilégier une nouvelle composition de Szymon Brzóska.

Tristan und Isolde de Giorgio Mancini !

C’est donc au sein d’une généalogie à la fois paradoxale (il se trouve in fine peu de précédents pour une somme si incontournable de la culture universelle) et intimidante (le peu d'artistes qui s'y sont penchés compte beaucoup de monstres sacrés de la danse, chorégraphes comme interprètes) que s'inscrit le Tristan und Isolde de Giorgio Mancini. On note incidemment qu'il a fait partie dans sa jeunesse de la troupe de Béjart, à l'époque de la création de Dionysos ou du Ring évoqués supra. Créée à Florence le 28 décembre 2014 et repris au festival de Ravello en juin 2015 puis à Luxembourg le 1er octobre 2016, l’œuvre amplifie un duo de quelques minutes créé en 2011 autour de la seule "mort" d'Isolde et poursuivait son itinérance ce 20 novembre dans le cadre du festival Madrid en danza. Pour avoir assisté à la prima rappresentazione assoluta florentine, nous observons avec émotion qu’au fil des reprises, le spectacle évolue, respire, se resserre, au gré des réglages du chorégraphe et du ressenti des interprètes ; le spectacle, oui, est chose vivante !

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Dorothée Gilbert (Isolde) en répétition dans la Sala Roja, 20 novembre 2016 (© crédit photo : James Bort)

Le principal demeure toutefois, frappant : le sens de la narration de Mancini et de son dramaturge Luca Berni, et le souci de fidélité au texte. Et le wagnérien ronchon ne peut qu’être comblé ; à peu près tous les temps forts de la relation Isolde/Tristan, sur laquelle se concentre exclusivement la pièce de Mancini, sont développés ou a minima esquissés. De la visite de Tristan à Isolde sur le bateau au premier acte à l’échange de regards (moment clé de l’opéra), de la scène du philtre au duo d’amour, des râles de Tristan de l’acte III (solo éblouissant de Mathieu Ganio) à la scène finale : le séquencement est limpide et la cohérence du tout est portée par la grande pertinence des choix musicaux. Si Krzysztof Pastor avait opté pour l’arrangement orchestral de Henk de Vlieger ((En savoir plus sur le site du compositeur : http://www.henkdevlieger.nl/Henk_de_Vlieger/tristan_%26_isolde.html)), Giorgio Mancini organise son ballet autour de Tristan und Isolde, Symphonic Synthesis, réduction symphonique de Leopold Stokowski, dont la structure cadre clairement le substrat narratif ((Il nous semble bien qu’il s’agit d’un mix des deux versions que produisit Leopold Stokowski, la première en 1932, la seconde en 1935.)). La scène finale est portée par le Mild und leise interprété par Margaret Price sous la baguette de Carlos Kleiber ((Pour le plaisir de l’écoute : https://youtu.be/YjMwDbFng_g)). La logique narrative, implacable, résiste dans ce contexte aux reprises de la pièce.

La scénographie s’est, elle, épurée. Le bateau est magnifiquement représenté par un voile sombre triangulaire (évacué, le voile rougeoyant qui, à la création, était censé représenter les jardins du roi Marke). La coupe mortelle dans laquelle les amants s’abreuvent est, dans la scène introductive, portée par Isolde au centre de l’espace scènique, qu’elle ne quittera plus. Le pas de deux final s’achève non plus sur la mort sublimée de deux êtres mais prend désormais toute la mesure de l’ambiguïté de la notion de transfiguration (Verklärung), de la complexité de la question de la mort, qui n’est pas donnée à voir, qui est bien plus un commencement qu’une fin.

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Mathieu Ganio (Tristan) et Dorothée Gilbert (Isolde) à Ravello, 20 juin 2015 (© crédit photo : James Bort)

À mi-chemin des pas de deux limités qui, ainsi que nous le rappelions, ont historiquement fait florès et d’une vaste fresque alla Pastor, voici un grand pas-de-deux d’une heure, qui se focalise sur les seuls Tristan et Isolde. Le risque était de sombrer dans une mélasse larmoyante, suintant de bons sentiments, en totale rupture avec le livret de Wagner. La chorégraphie ne cède pas à cette facilité et restitue à notre sens de manière assez délicate la violence rentrée des émois au début, suivie par la fièvre paroxystique de l’amour du duo. Une grammaire classique (Isolde se retrouve fréquemment sur pointe) se mêle à des inspirations très kylianesques – voir ces rugissements sourds, qu’on retrouve également dans la Giselle de Mancini. Deux maîtres-mots dans cette chorégraphie : poésie et sensualité.

Tout cela n’est certes guère révolutionnaire mais est porté par une Isolde et un Tristan de choix : Dorothée Gilbert et Mathieu Ganio, Étoiles les plus brillantes du Ballet de l’Opéra national de Paris, sur lesquels Mancini sculpte et adapte sa chorégraphie. Mathieu Ganio y est sublime, vraiment sublime ; plastique apollinienne, lignes d’une beauté à pleurer, portés d’une facilité déconcertante, solos inspirés et déchirants – on se demande parfois si tout cela correspond au Tristan de Wagner, valeureux neveu d’un Roi sous les rudes climats, disons, celtes, mais c’est si beau. Dorothée Gilbert, en piéta voilée, s’attache plus à dessiner une Isolde très grave et solennelle ; si le rôle tire peu parti de ses facilités techniques, on prend plaisir à la voir s’épanouir dans ce registre où elle brille de plus en plus intensément. Nous avons là deux partenaires en fusion, au sommet de leur maturité artistique. Dans la deuxième scène de l’acte II, Isolde dit avec tendresse voir dans le « et » de « Tristan et Isolde » l’indissolubilité du lien qui l’unit à Tristan. C’est bien ce que les deux Étoiles nous donnent à voir.

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Dorothée Gilbert (Isolde), Giorgio Mancini, Mathieu Ganio (Tristan) aux saluts, 20 novembre 2016 (© crédit photo : wanderersite.com)

Ce focus sur les deux personnages est accentué par l’insertion en incises de deux vidéos signées James Bort, procédé ingénieux qui aurait pu apporter quelque chose à la pièce de Mancini. À l’évidence, cela rappelle les images de Bill Viola pour la production du Tristan de Peter Sellars à l’Opéra national de Paris, travail qu’à titre personnel nous n’avions que modérément goûté mais qui au moins interpelait – on voit du reste mal comment ce précédent aurait pu échapper à James Bort. Las, la portée du propos se trouve vite bridée par la plastique monochrome de longs plans alanguis, fondés sur une seule idée unique : « Mathieu est beau ». Il l’est, indubitablement. Mais là où la chorégraphie suggère, la vidéo surligne ; là où la danse effleure, l’image assène ((Pour voir les vidéos de James Bort : https://www.youtube.com/watch?v=wmDfQsIeHMY)). Considéré dans son autonomie, ce travail vidéo trouverait sans doute un intérêt ; au-delà des deux courtes plages de respiration qu'il offre aux danseurs, nous ne sommes toujours pas totalement convaincu de son apport à l’économie générale de l’œuvre de Mancini.

Cette réserve vénielle ne saurait entamer l'enthousiasme du wagnéropathe ni celui du balletomane devant ce ballet original, qui parvient à transposer dans le langage dansé les enjeux fondamentaux de l'opéra et se pose en jalon majeur des fulgurances wagnériennes dans le monde de la danse.

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Dorothée Gilbert (Isolde) et Mathieu Ganio (Tristan) à l'Opéra de Florence, décembre 2014 (© crédit photo : James Bort)
Jean-Marc Navarro
Jean-Marc contribue à alimenter la section Danse de Wanderer.

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2 Commentaires

  1. Bonjour – this is fascinating, thank you!!

    If you allow, may I contribute some more dance pieces with Wagner music : 

    Ismael Ivo used the Liebestod in 1999 in a piece for himself and Marcia Haydée called "Tristan und Isolde" at Theaterhaus Stuttgart (not the ballet company)

    German choreographer Susanne Linke made "?Tristan und Isolde?" (with two question marks) in 1992 for NDT, with music by Wagner and others

    There are some few more dance pieces with Wagner music : 

    Heinz Spoerli used the Wesendonck Songs in "Träume" in 1979

    Anne Terese de Keersmaeker used one Wesendonck Song in "Woud" in 1996

    David Lichine used music from "Götterdämmerung" for his ballet "Cain and Abel" in 1946 in Mexico City 

    Valery Panov made a ballet "Ricardo W" in 1983 for Deutsche Oper Berlin with music by Wagner and Liszt, Libretto by Götz Friedrich

    Ulf Gadd choreographed a "Ring" in 1983 at Göteburg using Wagner music 

    John Neumeier was the choreographer for the Bacchanale 1972 at Bayreuth, directed by Götz Friedrich

    • Many thanks, Angela, for this much insightful and valuable comment ! Any further thoughts will be welcome. Wagner is really an unending topic 🙂

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